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13 días, 13 noches

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Hace mucho tiempo que no sabemos nada de los talibanes. Es como si sus tropelías hubieran pasado de moda en las noticias. Entre la invasión de Ucrania y la masacre de Gaza, los talibanes se han convertido en malvados internacionales de segunda división. Estoy suscrito a un periódico de tirada nacional y ya nunca aparecen mencionados. O quizá sí, pero en los sótanos muy profundos del scroll. Ya nadie habla de las mujeres embutidas ni de los hombres ejecutados. Afganistán ha regresado a la Edad Media y se ha producido un apagón informativo. El Telón de Roca. 

Si no fuera por las películas que los devuelven a nuestra memoria, cualquiera pensaría que nunca regresaron al poder. Tanta pasión para nada: tanto caza norteamericano y tanto compromiso con la democracia para que al final quedara todo como estaba. De nuevo Lampedusa y el Gatopardo.

De los talibanes nos ha quedado la palabra, eso sí, talibán, que usamos como sinónimo de fundamentalista. Yo mismo, por ejemplo, soy un talibán muy poco dialogante del Madrid. Antes se decía forofo, o acérrimo. O cérrimo, en mi pueblo malhablado. En todo lo demás -incluso en las cosas importantes del comer- puedo admitir matices y desviaciones. Pero en esto no. Cuando se trata del Blanco Inmaculado no admito interpretaciones ni corrientes de opinión. O no, al menos, en público, donde el infiel estira las orejas para reírse de nuestras debilidades. Al enemigo ni agua. Para hablar del Real Madrid me dejo crecer la barba y me pongo un turbante sobre la cabeza. Poca broma. 

13 días, con sus 13 noches, es el tiempo que tardaron los franceses en embarcar a los refugiados en su embajada de Kabul, que eran varios centenares. Una pelea agotadora contra las mentes cerriles de los talibanes. Un esfuerzo mortal para meter a toda ese gente en el útero de los aviones y así poder renacer después en el Occidente que ya parece haber olvidado todo aquello que sucedió. 




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El inocente

🌟🌟🌟🌟

Louis Garrel me seguía en Instagram. O eso llegué a pensar -oh, vanidad de vanidades- una mañana de aquel crudo invierno. Un día me desperté y ahí estaba su foto -de tío guapo- y su nombre- de cineasta respetable- poniendo likes a varias películas que yo había colgado en este humildísimo rincón. Solo a las francesas, curiosamente, para darle credibilidad a su aparición. Y dentro de ellas, por supuesto, alguna en la que él mismo figuraba como actor o como director. Un parto bien aprovechado, don Louis.

“Louis Garrel Officiel”, aseguraba la presentación. Y yo pensé: ¿pero qué tiene que ver don Importancia con este chiquilicuatre del extremo norte peninsular? Y yo me respondí: nada, en verdad. Ni la teoría de los seis grados de separación ni pollas en vinagre. Así que entré en su perfil y descubrí que sólo había fotos de Garrel abrazado a Eva Green, de cuando rodaron “Soñadores” y todo en ellos era el esplendor en la hierba, que rezumaba. Nada más: ni rastro de otras mujeres, de otras películas, de otros avatares de su ajetreada biografía... Si era él, allí había una obsesión enfermiza que su jefe de prensa seguro que le afeaba. Y si no era él, estaba claro que un pajillero andante de Eva Green había usurpado su identidad. Y pajilleros de Eva Green, en las redes, habrá como cinco mil tirando por lo bajo, con lo guapísima que es, y el morbo que se gasta.

El perfil se esfumó a los pocos días. Se cansó de mí -pensé por un segundo- todavía jugando con esa imposible posibilidad. Y olvidé el asunto hasta que hoy, después de ver “El inocente”, me dio por buscar aquel perfil y encontré decenas de “Louis Garrel Officiel” pululando en Instagram. Supongo que son cinéfilas que lo aman, cinéfilos que lo desean, admiradores castos de su arte y su presencia... La cuenta que a mí me jipiaba, curiosamente, ya no está en cartelera.

 Puede que el pajillero terminara con todas las fotografías que existen sobre el rodaje de “Soñadores” y decidiera clausurar el chiringuito. No sé. Pero no se clausura así como así la labor de toda una vida, la obsesión de toda una vida. Así que el misterio continúa... Mientras tanto, sigo viendo sus películas.






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