Si Dios, en su indescifrable voluntad, a medio camino entre la bendición y la putada, te otorga un hermano como Dustin Hoffman en Rain Man, lo
mejor que puedes hacer es lo que hizo Tom Cruise en la película: subirlo
al coche de un empujón y llevarle a Las Vegas mientras le explicas las cuatro
reglas del póker o del blackjack.
Pero si tu hermano no es un “idiot savant” como Raymond, sino un simple
deficiente como Nick Nikas, lo único que puedes hacer para forrarte es robar un
banco y rezar para que entienda las tres instrucciones
que le has dado antes de entrar: que no dispare, que no diga tu nombre y que
repita exactamente “¡Esto es un atraco!”. Nada más. La otra opción es dejarlo
en casa y luego contarle que has ido al cine y que allí has encontrado una bolsa
llena de billetes. Él se iba a creer cualquier cosa, pobrecico.
Pero su presencia física es intimidatoria, como de oso peligroso, y eso viene
bien para acojonar a los oficinistas.
Sucede, para más inri, que Connie Nikas, el hermano supuestamente inteligente, tampoco es muy inteligente que digamos. No tiene nada que ver con aquel listillo trajeado al que daba vida Tom Cruise. Connie es más bien un jeta de barrio que toma malas decisiones cuando los nervios se sublevan. Y aun así, contra todo pronóstico, con esos mimbres ajados de la genética, los dos hermanos realizarán un atraco perfecto que sería la envidia de aquellos personajes de Stanley Kubrick: un golpe sin complicaciones, sin muertos, con el dinero a buen recaudo en el maletín. Hasta que todo se tuerce en el infortunio consabido de los perdedores...
En “Good Time” hay muchas hostias, mucha adrenalina, muchas fatalidades que
se van sucediendo a ritmo de speed y otras drogas neoyorquinas.
La factoría Safdie lleva tres películas seguidas que parecen exactamente la
misma aventura, solo que la van repuliendo y perfeccionando. Si “Marty Supreme”
es una obra maestra -la mejor película del año pasado, el rizo del puto rizo- “Good time”, con su título irónico, ya era una película que anunciaba las borrascas frenéticas que vendrían.







