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Estoy casi seguro, al 99%, de que mis padres son los que figuran en el reverso de mi DNI. Hay herencias fisonómicas y psicológicas que dejan poco margen a la duda. Son... los tatuajes de la estirpe. Una vez, en Oviedo, mi tía me encontró por la calle y pensó que yo mi padre redivivo, paseando por las Salesas como Jesús paseaba por Jerusalén después de resucitar.
Dentro de mí, sin embargo, vive una brasa rebelde. Un sueño guerrillero que prefiere pensar en el resto de posibilidades. También hay cosas que no cuadran con el linaje familiar y a ellas me remito. Albergo, sobre todo, un sentimiento de extrañeza que no reconoce ni el clima ni la patria. Ni apenas el idioma. Es un susurro profundo, intracelular, que me envenena con la idea de que yo procedo de aurora boreal. Del mar Báltico por lo menos, donde casi todas las banderas usan la cruz de los vikingos.
Yo, como Leolo Lozone, también sueño que no soy. Sueño que nací en Göteborg y que soy hijo de Magnus, estibador de puerto, y de Ingrid, concertista de violín, ambos fallecidos cuando yo era pequeñín. Esa mezcla explicaría la contradicción irresoluble del futbolero cavernícola que se enternece con Debussy. ¿Y mi tez más bien oscura y mediterránea? En mi fantasía introduzco un abuelo griego o una abuela libanesa y todo solucionado. Ellos, los yayos, fueron emigrantes que subieron al frío a ganarse la vida y me legaron este tono aceitunado y estos ojos negros que traicionan mi condición.
Mis padres jamás viajaron al extranjero, pero eso es lo que ellos dicen. Yo creo que una vez, de novios, se gastaron todo lo que tenían en un crucero por el Báltico y que me encontraron por la calles de Göteborg escapado del orfanato, con dos velones en la nariz y unas explicaciones en sueco que no supieron traducir. Me invitaron a un chocolate caliente y el resto ya es historia familiar que yo tengo que soñar, porque nadie me la cuenta.
Yo tendría, como Marina, que viajar a Göteborg para indagar en mi pasado y conseguir un certificado de escandinavo. O no conseguirlo, si estoy equivocado, y dejar ya claro que soy ese hombre que señala mi DNI.







