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“Siempre es invierno” es una película torticera. Romántica. Lo que cuenta no es improbable, pero sí inverosímil. Y además, sea lo que sea, no es amor. Es otra cosa. Porque el amor, diga lo que diga David Trueba, sí tiene edad. Y no es edadismo, leñe, sino selección natural.
La modernidad es un neoplatonismo que ha olvidado el influjo de las carcasas. Y en las carcasas está todo: el primer embrujo, el interés súbito, el despertar de las mariposas.... Todos hemos rechazado a alguien por culpa de la edad; todos hemos sido rechazados por culpa de la edad. Los griegos, más valientes que nosotros, lo sabían y lo asumían. Nosotros, que somos unos cobardes, y unos pedantes, preferimos olvidarlo. Lo permitimos en una pantalla de cine como un ideal de sensibilidad, pero luego, en nuestras vidas, en el fondo tan lógicas y biológicas, hacemos oídos sordos al llamamiento.
Había un monólogo de Paco Calavera -creo que era de Paco Calavera - en el que se explicaba cómo John Lennon, de entre todas las mujeres del mundo, acabó eligiendo a Yoko Ono. La teoría de Calavera es que John Lennon, después de haberse acostado con las mujeres más bellas del mundo, ya buscaba una cosa completamente diferente: emociones muy fuertes, barroquismos, lo más imprevisible del panorama. Una experiencia sapiosexual, quizá, aunque eso no sea más que otro timo de la estampita. Yo mismo fui timado sapiosexualmente por la última de mis amantes.
Viendo “Siempre es invierno” me acordaba todo el rato de aquella teoría de Calavera que yo tengo por muy acertada. Casi por una genialidad. Miguel, en la película, después de haber estado cinco años -¡cinco!- acostándose con Amaia Salamanca, ya nunca será capaz de encontrar un amor equivalente que le cure el abandono. Que te deje Amaia Salamanca debe de ser insoportable; que te deje por un cantautor uruguayo y gilipollas, más todavía.
Miguel, traumatizado, herido de muerte, receloso para siempre de sus iguales, ha decidido indagar terrenos improbables. Gerontológicos. Pues muy bien, pero no es un hombre enamorado, sino un explorador con salacot.

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