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Gene Kelly: Anatomía de un bailarín

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“Hizo feliz a la gente”. Es lo que pone en la escultura dedicada a Bill Shankly, el mítico entrenador del Liverpool, a la entrada del museo de Anfield. Y no se me ocurre mejor piropo para ningún muerto homenajeado, sea entrenador de fútbol o bailarín de los musicales americanos. 

En internet solo he encontrado una estatua dedicada a Gene Kelly, lo que me parece un síntoma preocupante de la decadencia de Occidente. Incluso de la caída del imperio americano, que lleva 80 años colonizándonos pero que a cambio nos regala el mejor cine del mundo y el espectáculo nocturno de la NBA. La escultura de Gene Kelly -que también hizo feliz a la gente- no tiene ningún texto de alabanza, y para más inri no está en Estados Unidos, sino en Londres, que fue el lugar de su exilio artístico y personal cuando el senador McCarthy se puso muy tonto con él y con su señora, siendo Kelly un demócrata de izquierdas y Betsy Blair más roja que los tomates de New Jersey.  

Este documental titulado “Anatomía de un bailarín” no figura en ninguna guía conocida de internet, así que puede ser que yo lo haya soñado, y que sea un añadido onírico como esos números bizarros que el propio Kelly metía en sus películas. Pero yo juraría que no: que el documental venía en el disco 2 de esta edición de lujo de “Un americano en París”, que una vez me cobraron en El Corte Inglés a tan alto precio que gracias a mi compra salvaron la temporada y pudieron pagar a los trabajadores. Abrazos y todo, me dio aquella guapa señorita al frente de la caja registradora, aunque luego, ay, se olvidara de pedirme el número de teléfono.

El documental es de esos que se agradecen por su honestidad. El genio y el plasta, el creador y el tirano.. También es verdad que los invitados riñen al fantasma con una sonrisa de añoranza. Kelly era un ególatra y un perfeccionista, y gracias a eso construyó una década de musicales prodigiosos. Entre ellos “Cantando bajo la lluvia”, que es la película que me llevaré a la isla desierta cuando me deporten. Una obra maestra a pesar de que Kelly, sobrado de sí mismo y exigente al máximo en los rodajes, pusiera a todo el mundo al borde de un ataque de nervios. 




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Calle Mayor

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Leo en internet que para darle un lustre internacional a la película, Juan Antonio Bardem entró en coproducción con los franceses y contrató a una estrella americana para darle pedigrí a un reparto plagado de desconocidos. La elegida fue Betsy Blair, que quizá no era precisamente las estrella más rutilante de Hollywood -tampoco creo que Bardem hubiera tenido dinero para más- pero que por entonces era la mujer de Gene Kelly y era una actriz notable y entregada. 

El problema es que Betsy Blair es demasiado guapa para representar el papel de Isabel. Es lo que pasa cuando contratas a una actriz anglosajona y la pones a vestir santos en una película ambientada en la España franquista, haciendo de solterona a la que ningún hombre toma en consideración. Es inconcebible, un error de casting morrocotudo, aunque entendible por el parné. Y aunque “Calle Mayor” es una película estimable y sigue estremeciendo en su desenlace sin concesiones, uno no puede creérsela del todo y a ratos se sale de la película para ver cómo van los ciclistas del Tour de Francia por los Pirineos. 

Incluso en blanco y negro se nota que Betsy Blair es medio pelirroja y que no pega ni con cola paseando por la calle Mayor de Palencia o de Logroño, pues en ambas se rodaron los esfuerzos peripatéticos de la película. En la España nacional y católica de 1956, una mujer como Isabel, con el único objetivo vital de casarse y de tener hijos, jamás hubiera llegado a los treinta y cinco años declarados sin haber encontrado un hombre decente y enamorado. Abogados, médicos, ingenieros, traficantes de esclavos... Constructores y terratenientes. Toreros y ministros. Torturadores  y otros militares. Comisarios de la policía y prebostes de la Falange. No le hubieran faltado candidatos para elegir un espermatozoide adecuado entre las clases dirigentes del franquismo. 

(Por cierto: a mí también me han gastado esa broma tan divertida: la de te amo-me quiero casar contigo-ja, ja, te lo has creído... No exactamente así, pero casi. Lo cuanto en mi autobiografía: “Voy mejorando con la edad, a ver si me da tiempo”. Todo un best-seller. De venta en kioscos y librerías. En internet no, que se piratea muy fácil). 





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