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Puñales por la espalda: De entre los muertos

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Siendo una película sobre sacerdotes y titulándose “puñales por la espalda”, uno podría pensar que esta vez el detective Benoit iba a resolver una trama de abusos sexuales en el seno de la Iglesia. Un “Buenas noches, príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra” pero con curas amorosos y no con atentos educadores.

Pero no. Los tiros de la película, o las puñaladas, no iban por ahí. Hay un puñal, sí, pero de metal, y también una espalda, pero más tirando a la zona lumbar que a la parte baja de la tentación, nada de sacra ni de sacrílega. El título de la película al final era muy poco metafórico porque ya viene de las dos tramas anteriores.

Lejos de eso, el asesinado es justamente un sacerdote: uno que no sabemos si abusaba de los niños pero sí daba el coñazo un domingo tras otro, describiendo a sus feligreses las penas del infierno como hacían los curas de antes -los ibéricos sobre todo- soltando espumarajos de loco desde el púlpito consagrado. Ya eran tantos, en la película, los parroquianos que se sentían señalados y asustados, que entre todos lo mataron y él solito se murió. La tercera parte de las puñaladas podría ser una adaptación de “Fuenteovejuna” al estilo de Rian Johnson y su franquicia.

¿Pero murió? He ahí el intríngulis. Porque el padre Wicks -como hizo dos mil años antes el fundador de su secta- resucitó de entre los muertos para seguir sembrando la palabra y la discordia. Parece imposible, pero hay caminos inescrutables. El detective Benoit no se habría presentado en tan teológico berenjenal de no ser porque el principal sospechoso del crimen es el padre Jud, un pobre cuitado que también parece un sacerdote de los de antes. En concreto, uno de aquellos que sólo trataban de comprender a los demás y de echarles un cable si podían. Una rara avis, y un bendito de Dios, que decíamos entonces, antes de que los cardenales y los arzobispos tomaran cartas en el asunto.





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Killer Joe

🌟🌟🌟


1. Hace unos meses encontré en Movistar + un documental titulado “Friedkin sin censuras”. En él, William Friedkin, ya fallecido a este lado de la pantalla, se paseaba por los festivales de medio mundo y recibía numerosos homenajes gracias a esas dos obras maestras que seguirán viéndose dentro de cien años: “French Connection” y “El exorcista”.

2. Mientras veçia el documental, me di cuenta de que el resto de su filmografía -y son la hostia de películas- la tenía cogida con alfileres. Sin consultar el teléfono recordé “Jade” porque era un vehículo erótico de Linda Fiorentino, “A la caza” porque salía Al Pacino en extrañas circunstancias y “El diablo y el padre Amorth” porque llegamos a pensar que William Friedkin había perdido por completo la chaveta.

3. Pero resultó que no, que Friedkin había sobrevivido al exorcismo del padre Amorth y estaba muy lúcido a sus ochenta y pico tacos. En sus charletas descubrí dos películas que quizá merecían una oportunidad en mi televisor: la primera, “Carga maldita“; la segunda, “Killer Joe”. Así es como paso yo las noches del invierno...

4. “Killer Joe” cuenta la historia de una familia disfuncional -disfuncional al estilo red neck, puro “As bestas” de los texanos- que contrata a un asesino para liquidar a la matriarca del clan y cobrar un seguro de vida sustancioso. ¿Qué podía salir mal?: pues todo, si al escaso cociente intelectual le sumamos el índice de alcoholismo y la locura todavía por diagnosticar. 

El único listo de toda la función es justamente el asesino profesional, el tal Joe, un chuleta 100% carne de vacuno que sin embargo, para completar el cuadro, resulta ser un depravado como sacado de una película de David Lynch. Como Bobby Perú, pero más guapo.

5. A la media hora ya estaba arrepentido del experimento, pero no podía dejar de mirar. Es una especie de fascinación inversa, de morbo que siempre pide unos minutos más. No sé hasta qué punto la película estaba planificada o salió así por casualidad. “Killer Joe” hay que verla para creérsela. Contada pierde mucho. Lo que está claro es que a William Friedkin le interesaba mucho la miseria moral de los humanos. Hay muchas formas de ser poseído por el demonio.





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Entre copas

🌟🌟🌟🌟

Hace 100.000 años, en la sabana africana, un antepasado incapaz de reproducirse inventó una técnica diferente para que las hembras se fijaran en él. En vez de pegarse golpes en el pecho, y de jugarse el pellejo en la caza del antílope, probó fortuna con dos versos primigenios, casi guturales, que hablaban de la belleza de un atardecer coloreando el horizonte. Contra todo pronóstico, aquella poesía encendió el corazón de una homo erectus arrobada, y ahí, tras la cópula exitosa que se produjo en unas rocas apartadas, empezó el linaje de los hombres de Cromañón que luego inventaron la literatura, pintaron bisontes en las cuevas y salieron de África para conquistar el mundo y predicar la buena nueva entre los neandertales. Ya no hacía falta ser un bestiajo sin seso para poder reproducirse. Los feos, los bajitos, los raquíticos, los que no tenían ni media hostia para enfrentarse a la presión selectiva de los darwinistas, podían propagar sus genes convirtiéndose en artistas.



    Y así, en una elipsis temporal muy parecida a la que unía el fémur de la charca con la nave espacial en 2001, nos encontramos en los viñedos de California con Miles Giamatti, que es un profesor de literatura que lleva dos años deambulando porque no termina de asumir su divorcio, y vaga por el mundo sin fijarse en otras mujeres, concentrado en dos asuntos que él cree ajenos a los quehaceres del fornicio: la escritura de una novela -esa obsesión tan peliculera por la gran novela americana-y el perfeccionamiento de su paladar enológico, que al parecer es capaz de percibir reminiscencias de queso Cheddar en un Pinot Noir macerado en barrica de alcornoque. Pero los cínicos, los materialistas, los que hemos leídos a los grandes maestros de la sospecha bioquímica, sabemos que todo arte, toda habilidad, toda demostración de sensibilidad, es, en verdad, un postureo que también cotiza en el mercado sexual, tanto como un mentón prominente o como una tableta  de abdominales. Maya, la hermosa mujer que también se da pisto presumiendo de enologías y de literaturas, no va a dejarse engañar por este aparente desinterés del tunante de Miles…



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