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De la Niña Medeiros ya no se libran ni las casas alquiladas en Airbnb. “Barbarian” nos advierte de esa tenebrosa posibilidad: que te presentes allí para pasar el fin de semana y te encuentres con que aquello parece el camarote de los hermanos Marx, con clientes que alquilaron la misma vivienda en otra app y habitantes ocultos en el sótano que esperan a la medianoche para darte unos sustos morrocotudos.
La próxima vez que alquilemos una casita con encanto o un apartamento en la ciudad habrá que poner una cláusula bien clara en el contrato: que no haya nadie dentro, por favor. Y una vez allí, por si las moscas, asegurarse de que no existen entradas secretas al Más Allá ni puertas disimuladas que conducen al horror.
Y por supuesto: si nos ataca una zumbada como la de “Barbarian” y salimos vivos de la aventura, calificar la experiencia con una nota muy baja para avisar a los navegantes.
“Barbarian” es cine de terror de toda la vida. Tan prometedor al principio como aburrido hacia el final. El rizo del rizo es el mal eterno del género y “Barbarian” no se libra de esta maldición. O la busca, abiertamente, porque se ve que los muy cafeteros lo disfrutan cantidad. Pero los demás, los que nos asomamos al género solo de vez en cuando, siempre salimos con ganas de no regresar... hasta la próxima tentación.
Por lo demás, “Barbarian” es la experiencia cotidiana de cualquier mujer en la España de Ione Belarra e Irene Montero. Puro costumbrismo. La trama tiene lugar en Detroit pero podría ocurrir perfectamente en Alcobendas o en Villalpando: una chica alquila una casa por motivos de trabajo y se las tiene que ver, por este orden, y en apenas doce horas, con un maromo sospechoso, un psicópata de psicokiller, unos policía sin perspectiva de género y un director de cine acusado de violación. El repertorio completo en los noticiarios de Canal Red.
