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Pelle el conquistador

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“Pelle el conquistador” es dura, tramposa, sensiblera... Un drama calculado. Está hecha para joderte la vida. Si la ves por la tarde, te jode la tarde; y si la ves por la noche, te jode la noche. Te jode, siempre te jode. 

Yo la odio y la repudio. No la soporto. Preferiría no tenerla en la videoteca, pero la tengo. ¿Por qué? Porque es una película inolvidable. Una obra maestra. ¿Quién tendría, a pesar de todo, corazón para tirarla? ¿Quién, las agallas de no volver a retomarla? Y por cierto: ¿quién dijo que eran malos tiempos para la lírica? Porque hay líricas y líricas.

No querría recomendársela a nadie. No, al menos, a nadie con corazón. Sólo a los enemigos y a las enemigas, para que sufran lo que yo sufro cuando recaigo. Sé que ahí arriba le he puesto cinco estrellas y me hago responsable. Pero en verdad la odio tanto como la amo. Es un peliculón. En 1988 robó un Oscar a Almodóvar y bien robado que está. La prensa española, enrabietada, la puso a parir. Desde entonces ya no hago caso a la crítica oficial.

Veo “Pelle el conquistador” cada cierto tiempo y nunca paro de llorar. Me emociona desde el primer minuto, con ese desembarco tan poco épico de los pobres en Dinamarca. Nada que ver con el desembarco de Normandía que rodara Steven Spielberg. Las grandes películas son variopintas e inexplicables. Cuando llego al final, a la orilla del mar, todo es agua salada y amarga que brota de mis ojos.

“Pelle el conquiestador” me manipula, me hurga, me conmueve. Es muy tramposa, ya digo. Ladina. Conoce mis resortes, mis teclas exactas. Las confesables y las que no. Es como si la hubieran rodado para mí, pensando en mí. Es todo un honor, además de una putada. Cada vez que aparece Max von Sydow pienso en mi propio padre, tan tosco y tan fuera de lugar. Más abuelo que padre, por la tardanza en procrear. Ahora ya es lo normal, que nazcas sin padre, directamente del abuelo, pero entonces los hijos-nietos éramos una rareza natural. 

Mi padre también soñaba con un hijo valiente y triunfador. Uno que saliera de la granja de personas, del corral de los gallinas. Y ya ves, aquí andamos, al final ni América ni nada. 




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