Mostrando entradas con la etiqueta Jeff Hiller. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jeff Hiller. Mostrar todas las entradas

Pluribus. Temporada 1

🌟🌟🌟🌟🌟


Apenas he experimentado la fusión con mis semejantes cuatro o cinco veces en mi vida. Y siempre ha sido, curiosamente, viendo un partido del Madrid en el Santiago Bernabéu. Sólo allí me he sentido uno con el resto de la gente, diluido y comunitario. Sintonizado. Una hormiga insignificante en el Gran Plan del hormiguero. Ya no yo, sino nosotros. 

"Me llamo Augusto Faroni y -por un rato- voy a ser uno de ellos".

En cada gol de nuestro equipo yo sentía que daba igual la edad, el sexo, la posición social o la tendencia política: las ochenta mil personas allí presentes éramos un único ser de pensamiento armónico, y de amor incalculable. La verdadera fraternidad que se predicaba en los Evangelios, y que al parecer dependía de una transmisión de código genético a través del radiotelescopio. Las visitas al Bernabéu han sido las únicas experiencias místicas que he tenido en esta vida de ateo practicante y de misántropo esforzado.

Nunca más he sentido nada parecido. Ni siquiera en las iglesias, en las misas obligadas de mi infancia, donde yo era un apóstata en ciernes que sólo quería escapar cuanto antes de la comunidad de los creyentes. Y tampoco en los templos de verdad, en los cines de León o de Madrid, donde yo, de joven, debería haber vivido “una experiencia compartida” con el prójimo: esa majadería extática a la que aluden los realizadores con el único fin de estimular los beneficios en taquilla. En el cine la gente molesta, habla, come, incordia... Es maleducada e irrespetuosa con los demás. Nada que ver con el amor universal que practican los extraterrestres de “Pluribus”. 

En el trabajo soy la oveja negra que todo lo rumia y en las reuniones familiares no dejo de pensar, como Leolo Lozone, que ésta no es mi familia verdadera y a que a mí me adoptaron en un orfanato de Estocolmo. En La Pedanía soy un exiliado cultural y en el centro comercial me compro la ropa en el Carrefour. Voy siempre al revés, o al través, jamás dentro del rebaño. Pero no por joder, sino porque soy así: un raro sin comillas. Me reconozco mucho en el personaje de Rhea Seehorn. Los dos somos, además, cosecha del 72.





Leer más...

Somebody Somewhere. Temporada 2

🌟🌟🌟

Estamos tan acostumbrados a ver gente guapa por la tele que cuando salimos a la vida y descubrimos a una mujer bellísima, o a un hombre muy atractivo, creemos, durante un segundo de confusión, que estamos ante otra ficción de las plataformas. Atrapados en un universo sin salida. En una serie dentro de otra serie, como en esa metáfora tan manida de las muñecas rusas.  Descubrir la belleza en la vida cotidiana es como viajar a otra dimensión sin necesidad de usar el mando a distancia. Y sin pagar, además, otra cuota mensual a las ya muchas que se acumulan.

Del mismo modo, cuando en las ficciones nos encontramos con gente tan fea como nosotros –y los personajes de “Somebody Somewhere” son feos de cojones- pensamos por un instante que hemos vuelto a esa vida cotidiana donde los infortunados genéticos somos mayoría en el ecosistema y deslucimos bastante la nota media del Paraíso. En mi caso heterosexual y heteronormativo, una mujer bellísima pero real es como una película en movimiento; en cambio, una mujer sin atractivos pero ficticia es como mirar por la ventana en lugar de asomarme al televisor. Son -con perdón, entiéndaseme bien- las gallinas que entran por las que salen. 

“Somebody Somewhere” produce en los espectadores menos sofisticados como yo ese efecto pernicioso de no estar viendo una serie de la tele, sino de haberte teletransportado a las llanuras de Kansas para vivir entre personas reales, tangibles, tan parecidas a uno que casi te da grima hasta mirarlas. Los personajes de la serie son vulnerables, simplones, escasos de belleza, se sienten fuera de contexto pero no tienen más remedio que vivir muy lejos de los epicentros. Es una sensación muy contradictoria, porque habla muy bien de la serie pero al mismo tiempo te entran muchas ganas de abandonarla. Para eso, insisto, ya tengo la ventana. 





Leer más...

Somebody Somewhere. Temporada 1

🌟🌟🌟🌟


Parece buena gente, pero es mejor no confiarse. En el estado de Kansas se vota republicano por mayoría abrumadora, en proporción de 3 a 1. Quiere decir que si hay ocho personajes más o menos principales en “Somebody Somewhere”, todos ellos simpatiquísimos y conmovedores, seis de ellos, cuando llega el día de las elecciones, saludan cordialmente a sus vecinos, hacen una buena obra camino del colegio electoral y allí, en esas cabinas con cortinas negras y palancas del TBO, ellos y ellas votan por la marginación del negro, la exclusión de los pobres, la desinversión pública, el saqueamiento de la sanidad, la carrera armamentística, la abolición del aborto, el bombardeo de un país remoto, la persecución del homosexual y la prédica de la Biblia como conjuro contra las teorías de la evolución y el contubernio internacional de los judíos.

Me he pasado los siete episodios de “Somebody Somewhere” pensando en quiénes serán los dos personajes que votan al Partido Demócrata allá en el Cinturón de la Biblia, y en los Océanos del Cereal. Uno, sin duda, es Jeff, el amigo de Sam. No sé: es homosexual, parece lúcido, no lleva vestimentas de paramilitar ni conduce todoterrenos intimidantes. No acaricia escopetas al llegar a casa... Es cierto que frecuenta la iglesia, pero sólo cuando el local se convierte en el centro cívico de la ciudad y allí se canta incluso al desenfreno y a la vida en tolerancia. Pero de los otros siete, incluida su protagonista, tan entrañable e indefensa, ya no sabría decir cuál es la otra manzana sana en este balde de manzanas podridas. Cuál el alma pura que convive entre estos sepulcros blanqueados que te prestan la motosierra, o te bajan al gato del árbol, o vigilan tu correo, o te arreglan una chapuza, o te regalan una tarta de bienvenida, pero que cada cuatro años votan en secreto para que tu vida sea mucho peor. 



Leer más...