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Nueve de cada diez espectadores consultados también prefieren a la rubia de la peli. Nos ha jodido. La chica rubia es más guapa, más divertida, sexualmente más audaz que la morena. Esto último no lo sabemos a ciencia cierta pero no es difícil imaginarlo. Aunque la rubia lleva un cartel con la palabra “Danger!” colgado del cuello, su atractivo es fatal e irresistible. Gwyneth Paltrow está que se rompe en “Two Lovers” y los hombres reales o ficticios somos todos parecidos: nos ciega la belleza. No nos vuelve sordos, eso no, pero cuando escuchamos las señales preferimos ignorarlas. Es como cuando sonaban los viejos despertadores en la mesita: si se ponían pesados preferíamos aporrearlos y seguir durmiendo a pierna suelta. Que nada altere nuestro sueño.
La chica morena también es guapa, o muy guapa, y en eso la película es un poco tramposilla. Se supone que su personaje es el premio de consolación para Joaquin Phoenix, pero muchos espectadores venderían su alma por compartir cama con una consolación parecida. Hollywood es un espejo deformante de la belleza y es mejor no tomarse en serio sus romances. La mujer más fea de allí sería la reina de las fiestas en nuestro pueblo. La chica morena de “Two Lovers” rompería corazones en La Pedanía pero no tiene el encanto fatal de su contrincante: le falta el veneno, la chispa, la mirada turbia de vampiresa. Si Gwyneth Paltrow te promete una vida llena de vaivenes, Vinessa Shaw, con el correr de los años, te promete una vida aburguesada con niños dando po’l culo y “Masterchef” por la noche en el sofá.
Sólo los muy guapos, o los muy ricos, ponen la bala donde ponen el ojo. Los demás, los proletarios sexuales, viven la misma desventura de Joaquin Phoenix en la película: enamorarse de quien jamás se enamorará de nosotros y desdeñar a quien bebe los vientos por nosotros. En vez de decir que somos gilipollas perdidos preferimos decir que somos “románticos soñadores”. La poesía siempre acude a nuestro rescate.
