Mostrando entradas con la etiqueta Fabrizio Gifuni. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fabrizio Gifuni. Mostrar todas las entradas

Exterior Noche

🌟🌟🌟🌟


¿Pruebas?: ninguna. O insuficientes. ¿Certezas?: casi todas. Marco Bellocchio es un viejo zorro que no se deja engatusar. Él sostiene, y nosotros con él, que a Aldo Moro le ejecutaron las Brigadas Rojas pero se lo cargaron los amigos americanos. Italia es una provincia del Imperio Yanqui y allí nada sucede por casualidad. Al mismísimo Jesucristo -que vivió en la provincia de otro imperio intercontinental y fue el primer mártir reconocido por los católicos- también le ejecutaron los legionarios pero se lo cargaron los miembros del Sanedrín. 

Apenas importa quién disparó a Aldo Moro o quién le ensartó los clavos a Jesucristo. Ya lo decía Mr. X en “JFK”:

- Esa es la pregunta clave: ¿por qué? El cómo y el quién sólo son... montajes para el público. Eso sirve para que la gente juegue a las adivinanzas. Les impide hacer la gran pregunta: ¿por qué?, ¿quién se benefició?,¿quién tiene el poder para encubrirlo? 

Pero el juez Garrison era un patriota, y además un tontolaba, y no terminaba de creerse que el propio gobierno se cargara al presidente de su nación. Así que Mr. X, con paciencia de santo, y aquellos dedos larguísimos que enumeraban, le seguía explicando cómo funcionan las cosas más allá de los telediarios, donde los empresarios se reúnen con los militares y toman las decisiones ejecutivas e irrevocables:

- Fue un golpe de estado encabezado por elementos encubiertos de la inteligencia y el Estado Profundo -insistía Mr. X hablando del asesinato de Kennedy, pero también anticipando el de Aldo Moro quince años después-. Mataron al Presidente frente al mundo entero como una advertencia para cualquier otro líder que intente alterar el statu quo".




Leer más...

Portobello

🌟🌟🌟🌟


Si en España, en el siglo XXI, basta con que una mujer te señale con el dedo para pasar por el juzgado -y, si no eres culpable, perder al menos tu reputación-, en Italia, en el siglo XX, suspendido de igual modo el principio de inocencia, bastaba con que un camorrista soltara tu nombre en un interrogatorio para vivir un proceso penal muy parecido al de la novela de Franz Kafka. 

“Portobello” cuenta una pesadilla que parece literatura y sin embargo sucedió en esa Italia desquiciada: la desventura judicial de Enzo Tortora, el presentador del magazine más visto en la RAI de los años ochenta. Para entender “Portobello” habría que imaginar a Mayra Gómez Kemp, en sus tiempos del “Un, dos, tres”, acusada de pertenecer a ETA y encarcelada sin pruebas porque un etarra la señaló como informante del "Comando Madrid" para obtener un trato favorable en la prisión.

“Portobello” habría sido la serie del año -la segunda italiana, después de “El hijo del siglo”- si no fuera porque se hace demasiado larga en su nudo judicial. Hay un ensañamiento en la congoja que luego no se corresponde con el rápido desenlace. Pero hay que verla, claro, y en italiano vernáculo, no doblada a nuestro idioma. Uno de los seis episodios de “Portobello” -pirateados, por supuesto, porque yo sólo pago Movistar- venía sin subtítulos y tuve que escucharlo en castellano. Es insufrible. Los camorristas tienen que hablar como camorristas, y no como señores de Logroño. Y Enzo Tortora, para defenderse, tiene que hablar como un señor atildado de Milán, y no como un cura mantecoso de mi pueblo. 

El doblaje de "Portobello" chirría en los oídos. Desvirtúa la expresividad de los culpables y el juramento de los inocentes. Las palabras en castellano no casan con los gestos en italiano. Si juntas los dedos de una mano para formar una pinza de odio o de desprecio, sólo puedes gritar “¡Vaffanculo, maledetti, non ho fatto niente!”




Leer más...