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Portobello

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Si en España, en el siglo XXI, basta con que una mujer te señale con el dedo para pasar por el juzgado -y, si no eres culpable, perder al menos tu reputación-, en Italia, en el siglo XX, suspendido de igual modo el principio de inocencia, bastaba con que un camorrista soltara tu nombre en un interrogatorio para vivir un proceso penal muy parecido al de la novela de Franz Kafka. 

“Portobello” cuenta una pesadilla que parece literatura y sin embargo sucedió en esa Italia desquiciada: la desventura judicial de Enzo Tortora, el presentador del magazine más visto en la RAI de los años ochenta. Para entender “Portobello” habría que imaginar a Mayra Gómez Kemp, en sus tiempos del “Un, dos, tres”, acusada de pertenecer a ETA y encarcelada sin pruebas porque un etarra la señaló como informante del "Comando Madrid" para obtener un trato favorable en la prisión.

“Portobello” habría sido la serie del año -la segunda italiana, después de “El hijo del siglo”- si no fuera porque se hace demasiado larga en su nudo judicial. Hay un ensañamiento en la congoja que luego no se corresponde con el rápido desenlace. Pero hay que verla, claro, y en italiano vernáculo, no doblada a nuestro idioma. Uno de los seis episodios de “Portobello” -pirateados, por supuesto, porque yo sólo pago Movistar- venía sin subtítulos y tuve que escucharlo en castellano. Es insufrible. Los camorristas tienen que hablar como camorristas, y no como señores de Logroño. Y Enzo Tortora, para defenderse, tiene que hablar como un señor atildado de Milán, y no como un cura mantecoso de mi pueblo. 

El doblaje de "Portobello" chirría en los oídos. Desvirtúa la expresividad de los culpables y el juramento de los inocentes. Las palabras en castellano no casan con los gestos en italiano. Si juntas los dedos de una mano para formar una pinza de odio o de desprecio, sólo puedes gritar “¡Vaffanculo, maledetti, non ho fatto niente!”




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Siempre nos quedará mañana

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El sufragio universal se aprobó en Italia en 1945, al terminar la II Guerra Mundial. Ayer se lo comentaba a mi hijo mientras hablábamos de la vida y de las ficciones y casi no me creía.

- Pero eso fue hace nada... -me respondió. 

A las nuevas generaciones -que pasaron por la ESO sin aprender nada sustancial, que apenas leen y se pasan la vida en sus nichos cognitivos- estos datos siempre les sorprenden. Ellos piensan que el mundo moderno está inventado desde hace mucho tiempo, casi desde los versículos del Génesis, cuando en realidad es una cosa muy reciente, casi del tiempo de nuestras abuelas. Que las mujeres puedan votar o que los trabajadores podamos irnos de vacaciones pagadas son logros alcanzados hace apenas un rato, concesiones arrancadas a hostias a los poderosos o a los maridos de antaño.

Entre las mujeres de mi generación y el mundo de nuestras madres media un abismo que es difícil de creer si no lo has vivido o no lo has aprendido en las películas. Es como si la evolución humana hubiera recorrido cientos de años en apenas un par de zancadas. La queja actual del feminismo es guerrillera y continua, a veces razonable y a veces insidiosa, pero no hay más que ver películas como ésta para entender del mundo inconcebible del que veníamos.

En la película, la vida cotidiana de Delia no se diferencia mucho de la vida de nuestras madres, todo el día rascando ofertas con el carrito de la compra, incapacitadas para tomar decisiones económicas, atadas a la cocina y a la fregona, víctimas de algún bofetón que caía de vez en cuando como un recordatorio de supremacía. Yo he visto a todas mis tías florecer cuando se quedaron viudas con cincuenta y tantos años. Lloraron lo (poco) que había que llorar y de pronto le sonrieron a la vida. Eran víctimas atrapadas en la carencia de estudios y de habilidades laborales. El maltrato tiene menos que ver con la testosterona que con la pobreza, que es la podredumbre universal.

“Siempre nos quedará mañana” parece que transcurre en otro planeta y en realidad es nuestra Tierra, pocos años antes de los vuelos espaciales, como en un viaje inverso al planeta de los simios. 





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