🌟🌟🌟🌟🌟
A veces, en el amor, porque el amor no deja de ser un fenómeno de la física, los polos opuestos se atraen y quedan adheridos para siempre. Es un magnetismo más de la naturaleza. Un fenómeno inusual aunque varias veces validado. El mundo es muy grande, y el sexo universal, y eso da lugar a millones de combinaciones de las que algunas, por pura estadística, desafían cualquier pronóstico que tú hagas.
Hay parejas por las que no darías ni un duro y ya ves, duran para siempre, o al menos el tiempo necesario para reírse de tu apuesta. Otras veces, en cambio, apostarías diez dólares a que Fulano y Mengana son la pareja ideal y justo en ese mismo momento, sin que tú lo sepas, ya están rompiendo a través del teléfono o en una discusión tremebunda en el dormitorio. El amor es tan aleatorio e imprevisible como el tiempo atmosférico. Más allá de una semana cualquier previsión sobre el sol o la lluvia es un ejercicio de jactancia.
Los padres de Ingmar Bergman eran el ejemplo perfecto de una pareja destinada a enamorarse pero no a entenderse. Iban a durar menos que tu atención en una película soporífera de los escandinavos -lo que no es, gracias a Odín, el caso de “Las mejores intenciones”- y sin embargo, pese a todos los impedimentos familiares y a los exilios helados en la taiga, forjaron un matrimonio desconchado pero con un núcleo de hierro indestructible.
El progenitor no gestante de Ingmar Bergman es Henrik, un pastor luterano con cien heridas en el alma y un talante que oscila entre la negrura y la mala hostia consagrada; Anna, en cambio, la progenitora gestante, es una pija alegre de la alta sociedad a la que jamás se le ha negado un capricho de niña boba y consentida. Lo único que les une, quizá, es una idea del sexo algo pacata y victoriana: un fuego más bien de braserillo, de hacer la cucharilla en el invierno con dos camisones de por medio. Henrik y Anna jamás conocerán la pasión desbordada ni la frustración sexual, y quizá, por eso, cuando el sexo salga por la puerta, ellos no tendrán que saltar por la ventana y durarán muchos años entrelazados.
