Cyrano de Bergerac

🌟🌟🌟🌟🌟


El amor secreto ha tenido muchos nombres a lo largo de la historia. Los griegos lo llamaron “amor platónico”; los chavales de mi generación, “estar colado”; y los muchachos de ahora, tan angloparlantes, “crush”. A mí me gusta mucho esto de “crush”: es sonoro, contundente, con sabor a chocolate. Se parece mucho a “crunch”, pero también a “crash”, que es pegarse un gran hostiazo.

Se llame como se llame, la Inteligencia Artificial nos recuerda que el amor secreto, entre otras cosas, siempre es unidireccional e inalcanzable. Y a larga, porque no hay cuerpo que lo aguante, ni espíritu que lo resista, efímero. De ilusiones vive el tonto los cojones hasta que despierta de su sueño. Las mariposas en el estómago terminan muriéndose por falta de nutrientes. Ellas viven de las miradas fugaces y de los malentendidos bobos, que al final tienen poca grasa y escasa proteína. La visión del crush, tan buscada, pero tan inútil, aporta una glucosa de gominola agripicante .

Los que estamos en el bando de Cyrano sabemos mucho de amores irrealizables. Los guapos, y las guapas, en cambio, no saben de qué hablamos. Ellos están acostumbrados a meter la moneda y ganarse su juguete. No conciben una avería mecánica, ni una negativa por respuesta. Son como hijos de ricachones. Escoger y ser escogido se da por descontado en sus escarceos de Versalles. 

Aquí, en cambio, en el lado chungo del espejo, el que no tiene una nariz como Cyrano, tiene otros defectos insostenibles. Cuatro siglos después de que Cyrano penara por su nariz ya puedes operarte algunas cosas, o reimplantarlas, o disimularlas con mucho esmero. Las ciencias adelantan que es una barbaridad.  Pero todo esto resulta caro, o muy caro, y no anda el horno para bollos. Y además sigue habiendo cosas inoperables. La edad es una de ellas. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario