Mostrando entradas con la etiqueta Noah Emmerich. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Noah Emmerich. Mostrar todas las entradas

Juegos secretos

🌟🌟🌟🌟


Me interesa “Juegos secretos” porque es una película sobre sexo insatisfecho. Y el sexo insatisfecho, según la última encuesta del CIS, es la tercera gran preocupación de los españoles. Está justo por debajo del precio de la vivienda y de la crisis del Madrid. El sexo insatisfecho, después de todo, puede encontrar soluciones temporales o parciales. Lo otro, no. O no, al menos, hasta que se instaure un régimen comunista y madridista que sería el sueño húmedo -y contradictorio- de mi viejo bolchevismo.

Carlo Padial, en su podcast, dice que la gente está neurótica desde que prohibieron fumar en bares y cafeterías: primero en los interiores, luego en las terrazas y ya dentro de nada a veinte kilómetros de los núcleos poblaciones. Pero eso sólo afectaría a los fumadores, digo yo, no al común de los mortales. No, caro Carlo: la gente anda jodida -desjodida- porque no folla lo suficiente. Un mal follar que es al mismo tiempo cualitativo y cuantitativo, según afirman los sexólogos consultados. 

No hay más que leer “El País” cada mañana para comprender que la gente está falta de contacto: todos los días aparece un artículo aconsejando cómo reverdecer los laureles dentro de la pareja, o cómo plantar un laurel si andas solo y buscas un hortelano, o una hortelana, que se fije en tu jardín.  

“Juegos secretos” cuenta la historia de un extrarradio americano donde al parecer ya no follan ni los guapos ni las guapas. Una especie de apagón inexplicable para la ciencia. Una turbulencia espacio-temporal que sólo se disolverá cuando los afectados decidan salir de su ámbito matrimonial y descubran que era ahí, en el lecho conyugal, donde latía escondida la kriptonita perniciosa. 

Como sucedía en aquel cuento de la princesa hipersensible, basta un guisante radioactivo escondido bajo las sábanas para que se desilusionen las erecciones y se multipliquen los dolores de cabeza.



Leer más...

El show de Truman

🌟🌟🌟🌟

La primera vez que ves “El show de Truman” sólo estás pendiente de las andanzas y malandanzas de Truman Burbank. Jim Carrey monopoliza la película y uno está que se come las uñas con su despertar del engaño y su fuga hacia ese Mundo Exterior donde le espera Natascha McElhone sonriendo. (Que ya quisiera uno -digo yo- pasar varios años en la inopia vital, vigilado por un dios ridículo ataviado con boina, si la compensación es que luego, ya unidos para siempre, Natascha te dedique varias danzas melanesias al calor de las fogatas).

Hoy, en cambio, porque he vuelto a ver la película con el desenlace sabido y la moraleja digerida, me ha dado por pensar en las otras personas que viven atrapadas con él en el decorado de Seahaven. Porque si Truman es un prisionero de la vida, ellos, los actores que se dedican a engañarle, no dejan de ser unos prisioneros del trabajo. Habrían merecido una película paralela que nos contara sus vidas singulares, o un spin-off en forma de serie, ahora que hay un millón de plataformas galácticas sobrevolando nuestro planeta.

Hannah Gill, por ejemplo, es una actriz que también se pasa todo el día encerrada entre las cuatro paredes de la farsa, fingiendo un matrimonio con Truman Burbank que no es el suyo. Debe de ser agotador y lacerante. Supongo que durante el día, mientras Truman va repartiendo sonrisas y pólizas de seguro por Seahaven, Meryl Burbank vuelve a ser Hannah Hill por unas horas y aprovecha el asueto para refugiarse en su casa verdadera, seguramente a pocas millas de distancia por si a Truman le da la ventolera de regresar. Allí puede que su duche otra vez, que coma lo que le gusta de verdad, que se acueste por amor con su marido verdadero... Porque ése es otro personaje interesantísimo, el señor Hill. ¿Qué pensará él de todo esto, un hombre que disfruta de su propia esposa a ratos perdidos, casi de contrabando, mientras Truman Burbank se cree legítimamente casado con ella y le hace cosas en la cama que se emiten, aunque sea censuradas, para una audiencia de millones de personas en televisión?



Leer más...