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“Marty Supreme” es la mejor película del año. Tardó en llegar, pero llegó. Ha sido como ese amor postrero pero definitivo. Las otras candidatas a los Oscar fueron cayendo gracias a Movistar + o a las alforjas de la mula, pero ésta, no sé por qué, se resistía. Hubo descargas fallidas, enlaces erróneos, archivos sin subtitular o subtitulados en arameo... Al final di con un samaritano que la ofrecía con todo lujo de calidades. Que el dios del ping-pong le guarde y le proteja.
Me puse a ver “Marty Supreme” un sábado por la tarde, a comienzos de la primavera. Pensé: veo la mitad, porque es bastante larga, y luego me voy a dar un paseo por el monte, a escuchar a los pajarillos; y ya más tarde, antes del fútbol, la retomo. Pero no fui capaz de dejarla. Hoy en día eso es un milagro de las posaderas. Y de la atención sostenida, sí, por la edad, y por el puto teléfono. Confieso, no obstante, que más o menos a la hora tuve que detenerla para tomarme un café. Fue cafeína sobre cafeína; estímulo sobre desparrame. Una “movide”, que diría Carlo Padial.
También es verdad que yo venía predispuesto a que me gustase "Marty Supreme". Joshua Safdie, junto a su hermano Benny -aquí desaparecido- hace cine del que a mí me gusta: de pasote, de adrenalina, scorsesiano. Recuerdo que hace años prediqué el evangelio de “Diamantes en bruto” a los infieles pero nadie me siguió. Es un cine que no gusta mucho a las damas cultivadas ni a los señores de La Pedanía. “Marty Supreme” mantiene el mismo tono farlopero pero hay un momento de duda en sus comienzos: ¿no será, ay, una película de Rocky con hostias de ping-pong en lugar de hostias de boxeadores?
Pero no: no van por ahí los tiros. Marty Mauser es un antihéroe, un antipático, un gilipollas supreme. El Cristiano Ronaldo del tenis de mesa pero sin gloria y sin mujeres. Un perdedor que pierde incluso cuando gana. Un insufrible. Y sin embargo, no dejo de seguirle y en cierto modo de admirarle. La repulsión se mezcla con la envidia. Marty es mi némesis, mi antiyo, mi reverso oscuro. Un chulo y un perseverante. Un pagado de sí mismo y un hombre sin miedo.

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