Orwell: 2+2=5

 🌟🌟🌟🌟


George Orwell murió dos veces. La primera de tuberculosis, en 1950, y la segunda de pena, en el 2000, el mismo día que Mercedes Milá presentó “Gran Hermano” en la tele como un “experimento sociológico”. Los desinformados que nunca vemos televisión llegamos a pensar que Tele 5, en un extraño cortocircuito, había apostado por un programa de pedagogía política inspirado en “1984”. Pero al final, oh sorpresa, se trataba de espiar a una pandilla de chonis que se magreaban bajo las sábanas. 

El “Gran Hermano” de doña Mercedes no era una metáfora de Stalin, o de cualquier sátrapa vigilante, sino una parodia del crucifijo que presidía las camas matrimoniales y vigilaba con ojo atento las prácticas y los placeres. Y entre medias, cada quince minutos, interrumpiendo a los arrabaleros, mil anuncios de propaganda capitalista: “Sea feliz consumiendo, contaminando, aparentando...”.  “1984” pasó de ser una lectura fundamental, casi de obligada lectura en los institutos, a ser ridiculizada por la maquinaria de vender productos inútiles o prescindibles.  

Desde entonces -y ha pasado ya un cuarto de siglo- las profecías de George Orwell se han seguido cumpliendo como aldabonazos del destino. Porque en realidad no eran profecías, sino constataciones de lo humano. El concepto de dominación siempre es el mismo y solo van cambiando los rostros y los instrumentos: la legión romana, la excomunión papal, la cámara de gas, la Inteligencia Artificial... O la puta televisión. La sofisticación del engaño ya es indistinguible de la magia. Las dictaduras campan a sus anchas y las democracias han sido desactivadas. La gente ya no vota, o tira piedras contra su propio tejado. La ignorancia es la fuerza. La libertad es la esclavitud. 

Y si la propaganda no funciona, para eso están los portaaviones y los marines. La guerra es la paz. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario