La línea del cielo

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Mucho antes de que Bill Murray y Scarlett Johansson se perdieran en la traducción del japonés, Gustavo Resines se perdió sin remedio en la traducción del inglés americano. Gustavo, como ellos, no pudo comunicar sus sentimientos contrariados. Y se quedó perplejo, muy perplejo, ante su propia estupidez. Siempre me ha gustado "La línea del cielo" porque Gustavo y yo compartimos la misma cara de panolis, la misma incapacidad para los idiomas. La misma torpeza para el amor, y el naufragio de merluzos en aguas internacionales.

Gustavo, en la película, es un fotógrafo de éxito que quiere conquistar la línea del cielo en Nueva York. Subido en la azotea de su amigo, la visión del skyline le llena de optimismo y le arranca un ¡oh! de admiración. Sólo tiene que estirar el brazo para tocar las nubes promisorias. Gustavo se siente a punto de tocar la gloria, de convertirse muy pronto en un hombre triunfador, irresistible para las mujeres, porque él también ha venido a Nueva York para ligar con extranjeras. En España le han dicho -o lo ha deducido por las películas- que las americanas son más liberales y están más predispuestas a meterse en la cama con un hombre que ha cambiado el pelo de la cabeza por el pelo del bigote. 

Pero su entusiasmo, ay, se diluirá en apenas unas semanas. Sus fotografías no despiertan gran entusiasmo y la única mujer que le hace caso es otra española exiliada, también perdida en sus traducciones. Lo de aprender inglés, por si fuera poco, se convierte en una tortura diaria, en la que Gustavo cada vez entiende menos diálogos, y no más, como sería de razón. Su generación, como la mía, aprendió un inglés de chichinabo que las versiones subtituladas no han logrado remediar. Más que una tara, ya es un complejo, una autosugestión de incompetentes. 

Y sin el inglés, claro, lo mismo en 2026 que en 1983, es imposible tocar la línea del cielo: ligar con una anglosajona queda descartado; emigrar a los países civilizados, ídem de lienzo; y disfrutar del buen cine sin tener que leer los subtítulos, una tarea de gigantes. 





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