🌟🌟🌟🌟
Hay filmografías nacionales que te quitan las ganas de
viajar a ese país. Es como si la industria del cine y la industria del turismo
se llevaran a matar. Lo digo siempre que veo películas turcas, o brasileñas, o
ambientadas en la India. Incluso películas que muestran la vida cotidiana en
Estados Unidos, si excluyo Nueva York y puede que Massachussets.
También me pasa, desde hace años, cuando veo una
película mexicana. Las habrá de todos los colores, no digo que no, incluso
comedias floridas y culebrones de burgueses, pero aquí, a las provincias, sólo
nos llegan las que hablan de violencia y de pobreza. Jungla y calor, narcos y
milicos. Tiros a mansalva y corruptos por doquier. Prostitutas y tequila.
Iglesias de Pedro Páramo donde se exhiben calaveras humanas y van a rezar los
sicarios a la Virgen. Es todo muy tétrico y desolador.
México no era así cuando yo era pequeño. O lo era,
pero no trascendía. Aún no teníamos edad para ver “Los olvidados” de
Buñuel y otras películas de denuncia... México, en mi infancia, era el paraíso
de las playas que aguardaba a los delincuentes gringos que cruzaban la
frontera. Un país cálido y acogedor. Las parejas que se casaban en León iban
casi todas a Cancún, o a Acapulco, siguiendo las huellas de los malotes. México
era la patria de Cantinflas, que fue nuestro primer Chiquito de la Calzada, y
también la patria de Vicente Fernández y sus mariachis cantando “El Rey” en
Televisión Española: “Con dinero y sin dinero/hago siempre lo que quiero...”.
La mismísima Rocío Dúrcal, aunque nacida en Madrid, ejercía de mexicana y nos
parecía superguapa. México era la guarida de Speedy González y el hogar
alimenticio del Cuate Orlando. Aún decimos “Cuate, aquí hay tomate”, cuando una
situación promete o nos gusta el cocinero.
México era el país benefactor que acogió a los
exiliados republicanos y les hizo concebir esperanzas de regreso. México era como
una segunda patria para los televidentes. Y ahora, sin embargo, entre los
estudiantes asesinados y las balaceras por doquier, dan ganas de viajar antes a
la isla de Borneo, o a la misma Tegucigalpa.
