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La captura

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Hay filmografías nacionales que te quitan las ganas de viajar a ese país. Es como si la industria del cine y la industria del turismo se llevaran a matar. Lo digo siempre que veo películas turcas, o brasileñas, o ambientadas en la India. Incluso películas que muestran la vida cotidiana en Estados Unidos, si excluyo Nueva York y puede que Massachussets. 

También me pasa, desde hace años, cuando veo una película mexicana. Las habrá de todos los colores, no digo que no, incluso comedias floridas y culebrones de burgueses, pero aquí, a las provincias, sólo nos llegan las que hablan de violencia y de pobreza. Jungla y calor, narcos y milicos. Tiros a mansalva y corruptos por doquier. Prostitutas y tequila. Iglesias de Pedro Páramo donde se exhiben calaveras humanas y van a rezar los sicarios a la Virgen. Es todo muy tétrico y desolador.

México no era así cuando yo era pequeño. O lo era, pero no trascendía. Aún no teníamos edad para ver  “Los olvidados” de Buñuel y otras películas de denuncia... México, en mi infancia, era el paraíso de las playas que aguardaba a los delincuentes gringos que cruzaban la frontera. Un país cálido y acogedor. Las parejas que se casaban en León iban casi todas a Cancún, o a Acapulco, siguiendo las huellas de los malotes. México era la patria de Cantinflas, que fue nuestro primer Chiquito de la Calzada, y también la patria de Vicente Fernández y sus mariachis cantando “El Rey” en Televisión Española: “Con dinero y sin dinero/hago siempre lo que quiero...”. La mismísima Rocío Dúrcal, aunque nacida en Madrid, ejercía de mexicana y nos parecía superguapa. México era la guarida de Speedy González y el hogar alimenticio del Cuate Orlando. Aún decimos “Cuate, aquí hay tomate”, cuando una situación promete o nos gusta el cocinero.

México era el país benefactor que acogió a los exiliados republicanos y les hizo concebir esperanzas de regreso. México era como una segunda patria para los televidentes. Y ahora, sin embargo, entre los estudiantes asesinados y las balaceras por doquier, dan ganas de viajar antes a la isla de Borneo, o a la misma Tegucigalpa.




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