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Los domingos

🌟🌟


“Los domingos” cuenta la historia de Ainara, una chica que a los 17 años sufre un brote psicótico y no recibe ninguna ayuda profesional. Ainara dice escuchar la voz de Dios y vivir enamorada de un profeta galileo que hace dos mil años también escuchaba voces y creía tener poderes mágicos sobre la materia. Porque Jesús, si existió, fue otro esquizofrénico sin medicar que fue bautizado a orillas del Jordán. 

Si Ainara dijera que habla con los conejos o que procede del planeta Raticulín, su familia se tomaría más en serio su desvarío, pero como su interlocutor interior está bendecido por dos mil años de tradición hay quien le ríe la gracia y hay quien le recomienda ponerse a follar a ver si se le pasa. Ése es el verdadero logro de la Iglesia a lo largo de los siglos: blanquear la perturbación mental y convertirla en una dedicación que despierta admiraciones y consigue beneficios fiscales gracias al concordato. Un negocio redondo. A efectos prácticos, la postura del padre de Ainara -un tontolaba al que su hija le importa un pimiento -y la postura de su tía -una atea atenazada por el respeto y la corrección - son igualmente dañinas para la chica. Ainara terminará la película con la mirada de orate -de éxtasis, dicen otros- ya instalada para siempre en su rostro juvenil.

En las entrevistas, Alauda Ruiz de Azúa jura y perjura que ella, siendo agnóstica practicante, no ha hecho una película proselitista. Yo la creo: quizá no lo buscaba, pero lo ha hecho. “Los domingos” está bien, incluso muy bien, pero es un instrumento del demonio. “Los domingos” es ahora mismo objeto de culto en las parroquias españolas. Hay curas de pueblo que fletan autobuses con derecho a bocadillo para que sus feligreses acudan al cine de la capital y se solacen en el misterio. El cartel de “Los domingos”, con esa Ainara transida y trascendente, me recuerda mucho al del tío Sam reclutando a los pobres chavales para la guerra. Sin pretenderlo, Alauda Ruiz de Azúa ha creado un instrumento pastoral cuando menos necesitábamos a esta gente tan... peculiar. 




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