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Starship Troopers

🌟🌟🌟🌟


Si algo bueno tienen las guerras es que en ellas también mueren muchos gilipollas. Yo, al menos, no puedo reprimir una sonrisa cuando un imbécil se alista voluntario para defender a la burguesía y muere justo en la primera refriega atravesado por un disparo, o por la garra afilada de un insecto extraterrestre. De hecho, en “Starship Troopers”, creo que somos mayoría los que vamos con los insectos y no con los humanos. Es imposible simpatizar con esa pandilla de majaderos que van abriendo camino a los inversores trajeados. 

Hay guerras y guerras, claro. Si los moros de la kabila o los andorranos de la montaña se presentaran en León para robarnos el oro y amenazaran la vida de mi hijo con francotiradores apostados, yo, por supuesto, sería el primero en acudir a la llamada del batallón. Pero sólo por eso: por la sangre de mi sangre. Y únicamente en el primer grado de consanguinidad. Los demás me dan un poco igual. Hay gente maja en las familias, sí, pero también mucho indeseable. 

Mientras no nos liquiden o nos esclavicen, a mí me da igual que nos gobiernen los andorranos o los chinos. O los insectos de Klendathu. Mientras no cancelen la liga de fútbol o nos obliguen a trabajar más horas de las necesarias, me es completamente indiferente la bandera que ondee en los estadios de fútbol o en la puerta de mi colegio. La bandera no es más que la coartada de los empresarios. El trapo donde se limpian la lengua los lameculos de la monarquía. Siempre será su bandera y no la nuestra.

“Starship Troopers” va un poco de todo esto: de una pandilla de niñatos, y de niñatas, que tienen el cerebro lavado por la propaganda y se alistan para combatir contra unos pobres bichos que viven en la otra punta de la galaxia. Paul Verhoeven rodó una parodia sobre las guerras de los americanos pero nadie quiso reírle la gracia y el exceso. Es más: le acusaron de belicista e incluso de fascista. En la izquierda ya no existe el sentido del humor. Unos por bobos y otros por talibanes. Ya dijo Ignatius Farray que el gran drama de la progresía es que hemos cancelado la ironía.




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Perdida

🌟🌟🌟🌟🌟

1. “Perdida” es una película estrenada en 2014. El movimiento #MeToo nació en octubre del 2017. David Fincher, por tanto, tan listo como es, se adelantó tres años a la imposibilidad de rodar una película como ésta. Bueno, rodarla sí; otra cosa hubiera sido el éxito comercial, o la crítica comprensiva en las webs muy concienciadas. A saber qué hubieran escrito sobre “Perdida” les crítices del diario “Público” o de “elDiario.es”. ¿El motivo?: según Irene, Ione & Pam, las mujeres como Amy Dunne no existen. Es más: no pueden existir. Son un imposible metafísico. Sólo la mente perversa y podrida de un machirulo es capaz de imaginar y plasmar a semejante demonio psicopático.

2. En el año 2000, 17 años antes del #MeToo, Arturo Pérez Pelo en Pecho escribió lo siguiente en su novela “La carta esférica”. Lo de los "martillazos" -soy consciente- suena muy feo, aunque sea como metáfora, pero yo creo que explica perfectamente la relación que une al matrimonio Dunne en “Perdida”:

- Imagínate un reloj... Un reloj que sea preciso detener. Tú y yo lo pararíamos como cualquier hombre: dándole martillazos. La mujer no. Cuando tiene la oportunidad, lo que hace es desmontarte pieza a pieza. Sacarlo todo a la luz, de modo que nadie vuelva a ser capaz de recomponerlo. Que no vuelva a dar la hora jamás... Por Dios. Las he visto... Sí. Desmontan para siempre el mecanismo de hombres hechos y derechos con un gesto, una mirada o una simple palabra [...] Ellas te matan y sigues andando y no sabes que estás muerto.

3. Tengo un amigo al que he estado a punto de dejar varias veces porque siempre está rajando de las películas de David Fincher. Cada vez que se mete con “El club de la lucha” o con “El curioso caso de Benjamin Button” me dan ganas de levantarme, bloquearle y negarle el saludo para siempre. Pero sé que si le fuerzo un poco, si le desgrano muy despacio los argumentos, acaba confesando su -parcial- admiración por don David. 

Acabo de darme cuenta de que nunca hemos hablado sobre “Perdida”. El próximo día la sacaré a colación. Puede que sea el principio de una gran amistad o la traca final de esta relación sin solución. 



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Cómo conocí a vuestra madre. Temporada 1

🌟🌟🌟🌟


El día que yo le cuente a mi hijo cómo conocí a su madre -tendrá que ser con tres copas de más, y tres desvergüenzas de menos-  habrá que tirar de muchos recursos autoparódicos para que me salga una comedia romántica y no un relato del esperpento donde su padre es un gilipollas perdido y su madre una reliquia católica del siglo XIX. Un dramón de época – de la época victoriana, quiero decir, o por lo menos de los tiempos de La Regenta- donde yo soy un maestrillo sin mundo y su madre una damisela con enaguas y flor de azahar en el cabello virginal... 

      Una absoluta ridiculez que, mejor pensado, acabo de decidir que jamás voy a contarle. Ni empapado en alcohol, vamos. Ni en el lecho de muerte. Ni por todo el oro del mundo. Ni aunque me paguen muchos dólares los productores de Hollywood o los ejecutivos de Netflix. No, no y no. ¡Que no, hostia! He decidido que se morirán conmigo aquellos episodios nacionales de la época de Galdós. Ya rezo a los dioses para que el delirio de una pesadilla, o de una droga hospitalaria, no traicione mi voluntad y desate mi lengua en la hora postrera. Ay.

    Porque además, aparte de hacer el ridículo, no quiero que mi hijo se traumatice y se ponga a elaborar teorías sobre cómo es posible que un chaval más majo que las pesetas -aunque él ya naciera en la época del euro- proceda de semejantes especímenes de lo humano, novelescos de chiste, o venezolanos de pretérito culebrón. Que no, he dicho... Basta ya. Nadie, ni siquiera él, la carne de mi carne, me arrancará la historia tristísima de su pre-concepción. De los lodos que precedieron al polvo que hizo las presentaciones entre los gametos.

    ¿La serie? Muy divertida cuando transgrede; muy aburrida cuando lo embadurna todo de miel, o de mermelada. Sale un tipo muy cáustico al que me gustaría pedir amistad si fuera de verdad, y también una mujer de ensueño llamada Cobie Smulders que es... eso, de ensueño. A mí que no me jodan, que este pibón no es real. No puede ser.. Miro la fecha de producción y me parece un milagro tecnológico que pudieran meter ese holograma entre los personajes y que no se note nada de nada.





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