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Ayer, en la radio, justo antes de ver la película -porque la realidad y la ficción a veces se anuncian o se presienten- hablaba un experto en robótica avanzada. Le habían convocado para hablar de ese atleta mecánico que acaba de batir el récord de los 100 metros lisos. Eso -dijo el experto- está muy bien para ofrecer titulares en la prensa, pero el avance real, el práctico, el que está apenas a cinco años vista, es el humanoide doméstico que nos lavará los platos, nos planchará las camisas y nos podará los rosales -quienes los tengan, claro- para que podamos seguir perdiendo el tiempo viendo la tele o enredando en las redes sociales.
El experto, sin saberlo -o tal vez sí, porque quizá tenga hijos y esté a la guay de las películas de animación- estaba hablando de la versión beta de “ROZZUM 7134”, el protagonista de “Robot Salvaje”. Roz, así bautizado por los animales del bosque, es un artefacto de prestaciones casi infinitas que vive en un futuro de casquetes derretidos y países anegados. Un paisaje no muy diferente al que aparecía en “Inteligencia Artificial”, que es otra película de Dreamworks donde al final triunfaban el amor y la perseverancia.
Las aventuras animadas de Roz son de un virtuosismo técnico apabullante. Es todo tan bonito -aunque tan falso- que es imposible reprimir alguna lágrima por el camino. “Robot Salvaje” es tan hermosa como torticera; tan deslumbrante como peligrosa. Contiene mensajes que deberían estar prohibidos para el público infantil. Luego salen como salen: convencidos de que el mundo, y la gente que lo habita, son plastilina en nuestras manos. De que basta con amar, con amar mucho, para que todo se nos cure o seamos aceptados.
(Al terminar la película, mientras fregaba los platos sin ayuda, me acordé del experto en robótica. No creo que tales inventos lleguen nunca a prosperar. Las empleadas del hogar pueden respirar tranquilas. No es sólo la necesidad de contratar una criada o un mayordomo: es la satisfacción -con un robot muy descafeinada- de darle órdenes a otro ser humano y sentirse superior en el orden de las cosas).
