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Exterior Noche

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¿Pruebas?: ninguna. O insuficientes. ¿Certezas?: casi todas. Marco Bellocchio es un viejo zorro que no se deja engatusar. Él sostiene, y nosotros con él, que a Aldo Moro le ejecutaron las Brigadas Rojas pero se lo cargaron los amigos americanos. Italia es una provincia del Imperio Yanqui y allí nada sucede por casualidad. Al mismísimo Jesucristo -que vivió en la provincia de otro imperio intercontinental y fue el primer mártir reconocido por los católicos- también le ejecutaron los legionarios pero se lo cargaron los miembros del Sanedrín. 

Apenas importa quién disparó a Aldo Moro o quién le ensartó los clavos a Jesucristo. Ya lo decía Mr. X en “JFK”:

- Esa es la pregunta clave: ¿por qué? El cómo y el quién sólo son... montajes para el público. Eso sirve para que la gente juegue a las adivinanzas. Les impide hacer la gran pregunta: ¿por qué?, ¿quién se benefició?,¿quién tiene el poder para encubrirlo? 

Pero el juez Garrison era un patriota, y además un tontolaba, y no terminaba de creerse que el propio gobierno se cargara al presidente de su nación. Así que Mr. X, con paciencia de santo, y aquellos dedos larguísimos que enumeraban, le seguía explicando cómo funcionan las cosas más allá de los telediarios, donde los empresarios se reúnen con los militares y toman las decisiones ejecutivas e irrevocables:

- Fue un golpe de estado encabezado por elementos encubiertos de la inteligencia y el Estado Profundo -insistía Mr. X hablando del asesinato de Kennedy, pero también anticipando el de Aldo Moro quince años después-. Mataron al Presidente frente al mundo entero como una advertencia para cualquier otro líder que intente alterar el statu quo".




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El sol del futuro

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“El sol del futuro” me recuerda mucho a “Abril” pero sin llegar a su ligereza entrañable. Una vez amé mucho a una mujer porque le puse “Abril” en el DVD y se emocionó casi tanto como yo. Mi vida sexual está construida con estas tonterías... Para mí son como la prueba del nueve, aunque luego el nueve se gire y se convierta en seis, que es el número de la Bestia.

 “El sol del futuro” ya es decadencia evidente de Nanni Moretti, que repite gags y situaciones como el ajo de los spaguetti: su escena con el balón de fútbol, y su parar la acción para poner una canción, y su no tener ni puta idea de bailar que exhibe con mucho gracejo. Moretti se parece mucho a mí en algunas cosas: en su pesadez, en su descoordinación, en su pasión casi infantil por algunas certezas. En que es un comunistorro muy tenaz. Es por eso que le podría poner varios peros a su película, pero no puedo porque me ha tocado por dentro y me ha dejado pensativo. 

“El sol del futuro”, aunque parezca una comedia, habla de que apenas nos queda futuro, y de que todo lo valioso está en decadencia: el amor, el cine, la izquierda y la dignidad profesional. Porque a mis casi 52 años ya empiezo a sospechar -como Moretti a sus 70- que el amor es puramente glandular, y que una vez envejecido el sistema endocrino, a tomar por el culo -paradójicamente- el romanticismo. También sospecho que la izquierda ya no existe, y que nos estamos calentando con los rescoldos. Moretti sitúa el final del sueño en la invasión soviética de Hungría; yo, en la transformación de Pablo Iglesias en el marido de Irene Montero. 

¿Y el cine?: hombre, de momento no parece herido de muerte, pero sí el cine de autor, experimental, particular e idiosincrático, del que Moretti ya es uno de sus últimos gladiadores. ¿Dentro de diez años quién coño verá ya sus películas en una plataforma posmoderna? 

Y sobre la dignidad profesional, qué quieren que les diga: para que haya ética primero tiene que haber trabajo, y yo milito en un colegio público donde el personal está siempre de baja, o enfermo, o ausente, o de moscoso. Aquí yo soy como el Nanni Moretti de la bandera roja y la cara de gilipollas.




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