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Lapönia

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Olavi es mi ídolo, mi referente. Debería imprimir un póster con su imagen. Olavi es un finlandés que en “Lapönia” canta las verdades del barquero, aunque la bruja de su cuñada, y el pánfilo de su cuñado, exorbiten los ojos y se pongan muy chulitos, al estilo celtibérico. 

Los españoles somos como dice Olavi y punto redondo: gritones, trapaceros, muy poco refinados. Llevamos el ruido y la trampa en la misma maleta del jamón. Nos pongamos como nos pongamos, somos africanos del norte, europeos de oropel. Hasta el Pirineo todo es toro. 

Los españoles somos los bárbaros modernos, temidos del uno al otro confín. Vamos dando la nota por cualquier ciudad europea que yo visito cada verano. El año pasado fue Viena, el anterior Dublín, éste los rincones de Noruega... Ámsterdam, cuando el amor. Y París, claro, cuando el desamor. Da igual. No hay huida posible. La conversación en Europa es un bisbiseo, un trinar de pajaritos, hasta que de pronto, antes de que los distingas en el tumulto, o te los encuentres a la vuelta de la esquina, oyes a unos turistas hablando muy alto, o dándole voces al teléfono, o expandiendo sus risotadas para que los gorriones de la ciudad, o las gaviotas junto al mar, salgan espantadas ante la falta de costumbre: son los españoles, sí, mis compatriotas, dejando su marchamo, haciéndose con el territorio, contaminando la paz que sólo un minuto antes te tenía subyugado. 

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El problema de “Lapönia” es que empieza muy alto, en latitudes boreales, y poco a poco va descendiendo en interés hasta llegar a estos paralelos arrasados por el sol. "Lapönia" parecía el remake de “Un dios salvaje” y al final se quedó en una “feel good movie” insustancial. Una pena. El otro pero que le pongo es que contiene un error de cásting imperdonable. De guionistas muy pánfilos, o muy poco vividos. Un maestro de Lengua y Literatura con el jeto de Julián López no puede estar casado con una mujer como Natalia Verbeke, que pega más paseándose por los yates, por los grandes torneos del tenis. Por los saraos de la jet set que jamás viajaría a Rovaniemi en un vuelo regular.

 




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