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Saulo se cayó del caballo camino de Damasco y del hostiazo que se pegó descubrió a Jesucristo para consagrarle el resto de su vida. Dos mil años después, en Estados Unidos, Ronald Trosper se cayó de su silla cuando presentaba un proyecto empresarial y del hostiazo que se pegó descubrió al mismísimo demonio -la empresa de sillas TECCA- y empezó a consagrarle tanto tiempo que terminó convirtiéndose en un auténtico desgraciado.
(Moraleja: hay caídas que de rebote te elevan a los Cielos y hay caídas que abren un abismo en el suelo y te mandan al Averno).
Hasta que se cayó de su silla, Ronald Trosper era un arquitecto reconocido y un padre de familia bien avenida y ejemplar. Pero tuvo la mala suerte de aterrizar bajo las piernas de una compañera y ésta le denunció ante el Comité Encargado del Asunto. La serie, de haber sido española, hubiese tirado por ahí y ya tendríamos a Leticia Dolera en todas las tertulias radiofónicas clamando contra la cultura de la violación, pero estos locos americanos decidieron tirar por otro lado más práctico y capitalista: las reclamaciones en internet.
Parece mentira que un tipo tan inteligente como Ronald Trosper no supiera que estas reclamaciones son la antesala de un derrumbe emocional y que es mejor no menearlas demasiado. Si el perjuicio económico no es excesivo, siempre es mejor dejarlo correr. ¿Qué le importa a Ronald una silla de oficina que además ni siquiera es suya, que es propiedad de la empresa y va a ser fácilmente reemplazada por otra parecida?
Reclamar está bien, aunque sólo sea por orgullo. Yo mismo, hace unas semanas, le reclamé a RENFE una devolución de billete por haber llegado dos horas tarde a mi destino. El importe era de apenas 12 euros y no pensaba reiterar mi petición. Si me atendían a la primera, pues cojonudo; y si no, pues nada. Lo que importa es la salud. Ronald Trosper se creyó más listo que nadie y desafió al silencio irritante de la fábrica de sillas. Él, por supuesto, no sabía que estaba descorriendo uno de esos cortinajes rojos que salen en las películas de David Lynch.
