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Por cien millones

🌟🌟


Hace un par de semanas, frente a la estatura dedicada a Quini en “El Molinón”, yo me preguntaba qué pensaría el propio Quini si pudiera ver esta serie ridícula que cuenta los pormenores de su secuestro. Porque los responsables de “Por cien millones” han confundido el culo con las témporas. Y la velocidad con el tocino. Han interpretado muy mal eso de que la comedia es igual a tragedia más tiempo.

Es cierto que Quini, en el juicio, habló bien de sus secuestradores y pidió una rebaja de condena porque no le habían tratado mal durante los 24 días que lo mantuvieron en un zulo. Pero joder: ¡lo retuvieron en un zulo! No fueron unas vacaciones en las Maldivas. Sus secuestradores podrían haber sido unos lunáticos, unos etarras, unos chapuceros con nervios muy poco templados... Pero de ahí, del perdón de Quini, de la bonhomía de Quini, a convertir su secuestro en una comedia como de “Atraco a las 3” media un abismo cinematográfico. “Por cien millones” es una charlotada en el sentido peyorativo de la expresión. Un sainete de actores incongruentes o pasadísimos.

Por lo demás, la serie no me ha servido ni como enganche para la nostalgia. Es todo tan mortadélico, tan filemónico... Recuerdo que el 1 de marzo de 1981 apareció un demonio de 9 años en mi hombro izquierdo para susurrarme que el secuestro de Quini nos iba a venir de perlas a los madridistas para ganar aquella Liga de pelos largos y campos embarrados. Quini era por entonces el pichichi, el goleador temible, el arma definitiva al servicio de los malvados azulgranas. La Estrella de la Muerte. Cada disparo suyo terminaba con una noble esperanza de mis héroes, no tan galácticos por entonces. 

Es cierto que el Barsa, por culpa del secuestro, se fue descolgando de la Liga, pero al final, en el último minuto del último partido, Zamora, el centrocampista de la Real Sociedad, marcó aquel gol precisamente en “El Molinón” y nos dejó con cara de imbéciles a los pecadores de pensamiento.





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A muerte

🌟🌟🌟


Chico encuentra chica, chico pierde chica, chico recupera chica... Es el argumento más viejo del mundo. Y sin embargo funciona. Sólo hay que vestirlo con nuevos colores. Nunca falla porque es la vida misma y los espectadores nos vemos reconocidos. 

Qué es la vida, sino buscar, encontrar, conquistar -las pocas veces-, perder, buscar de nuevo... Al menos para los hombres. Las mujeres solo tienen que asistir al desfile de candidatos y elegir con su dedo de señalar. Así es como funciona en nuestra especie y está bien que lo recordemos de vez en cuando. El intercambio de papeles que predican los posmodernos -y sobre todo las posmodernas- nos despista mogollón.


Viendo “A muerte” recordé aquella cita de Marcel Pagnol que recogía Fernando Trueba en su “Diccionario de cine”:

- En el cine no hay más que un argumento: un hombre encuentra a una mujer. Si follan es una comedia. Si no, ¡es una tragedia!


“A muerte” es una comedia. No desvelo nada porque no hay más que mirar su cartel promocional. La serie tiene un trasfondo trágico, eso sí, porque el protagonista sufre un cáncer de corazón y no las tiene todas consigo. Es un cáncer de verdad, biológico, no uno metafórico de corazón roto o abandonado, que es mucho más frecuente entre la población. De hecho, lo padecemos un 70% de los encuestados. Para sanarlo unos tiran de sustancias, otros de meditación y otros de ficciones que nos llevan hasta la medianoche y nos meten dulcemente en la camita.

La tontería de “A muerte” es que ni siquiera el actor que defiende su cáncer se cree que esto vaya a terminar en una defunción. Una vez establecido el tono de comedia, la tragedia sería como pegarse un tiro en el pie. Los ejecutivos de Atresmedia y de Apple TV no iban a permitir tal atrocidad. Lo hemos aprendido viendo en paralelo “The Studio”. Esa sí que es buena. “A muerte” es Verónica Echegui dándolo todo y lo demás gracietas bobas que dentro de un mes habremos olvidado.




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