Mostrando entradas con la etiqueta Victoria Martín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Victoria Martín. Mostrar todas las entradas

Se tiene que morir mucha gente

🌟🌟🌟🌟🌟


A mi lado, adonde quiera que voy, también camina un pre-adolescente insoportable. Soy yo mismo, claro, resabiado y tontolaba. El chaval tenía que haberse ido hace años al limbo de los existidos, pero una fluctuación cuántica lo dejó varado en el calendario y no tuve más remedio que acogerle. Después de todo, es la carne de mi carne.

Este desdoblamiento es un fenómeno raro, pero no único al parecer: lo comprendí nada más comenzar “Se tiene que morir mucha gente” y me quedé atornillado en el sofá. Bárbara, el personaje principal, también sufre esa compañía tocacojones; o tocacoños, en el lenguaje paritario.

Una día antes, cuando descubrí la serie en la parrilla, mi preadolescente me avisó: “Es una serie de tías. ¡Y hecha por tías!". Pero el título era irresistible y yo le mandaba callar con mi escasa autoridad. Y es que es verdad: se tiene que morir tanta gente que me mataba la curiosidad. ¿Serían los mismos tipejos que yo propongo en las tertulias...? Hablo de los personajes públicos, claro porque los privados son eso, privados, y cada cual tiene que pelear en su propio ecosistema. 

Luego, en realidad, aquí no se muere nadie. Ni se desea la muerte de nadie. Los odios son fueguinos pero civilizados. El título no era más que un recurso publicitario -quizá más una constatación que un anhelo- pero funciona.

Me fui dejando llevar por los capítulos mientras mi chaval se impacientaba: “Ya verás como acaba siendo un panfleto podemita...”. Pero el panfleto, de serlo, era muy poco panfletario, o quizá demasiado inteligente, y yo, al no darme cuenta, me reía como un bobo. Cuando se dialoga con tanta gracia yo me rindo ante quien sea. Aquí todo es muy natural y contradictorio. Y malhablado. Canallesco incluso. Tierno y venenoso. Al final me reía cada vez más y el chaval, ya arrepentido, me acompañaba.

Sucede, además, que Anna Castillo se parece mucho a un crush privado que yo tengo: uno que también vive varado en una singularidad del calendario. Esto de crush, por cierto, se lo he tenido que explicar a mi chaval de los años ochenta. Miro a Anna Castillo y pienso que sí, que se tiene que morir mucha gente, pero que otra debería existir por toda la eternidad.




Leer más...

Entrepreneurs

🌟🌟🌟🌟


Lo contaba Michel de Montaigne en “Los ensayos". A Diógenes, llamado el Ateo, mientras le mostraban los retratos de los hombres que sobrevivieron a los naufragios, le dijeron en el templo:

- Y bien, tú, que piensas que a los dioses les traen sin cuidado las cosas humanas, ¿qué dices de todos estos hombres salvados por su gracia?

Y Diógenes contestó:  

- Sucede que los que se han ahogado son mucho más numerosos y no están pintados.


Así es el mundo entrepreneur: nos dan mucho la matraca con los que triunfan, pero los que fracasan son muchos más numerosos e interesantes. Los que triunfan, además, son casi siempre los hijos de papá. Sólo ellos pueden arriesgar tiempo y dinero sabiendo que hay un colchón esperando el batacazo. A veces es un colchón relleno de billetes nunca declarados en Hacienda. 

Lo dice el personaje de Rober Bodegas en un diálogo memorable: “Los ricos nunca pierden”. O si pierden, lo recuperan en un santiamén. Ellos, los figuras, jamás saltan al vacío en sus locas aventuras. O lo hacen con siete paracaídas por si fallan los seis primeros en el colmo del infortunio. Ellos, esa gente, tienen amigos, y contactos, y jeta por un tubo... Equipos de rescate y médicos de primera. El verdadero riesgo esta reservado a los genios y a los necesitados. Y a los tontos del culo que los imitan.

En el mundo entrepreneur se necesitan muchos perdedores para que alguien puede proclamarse vencedor. Es de cajón. A veces es necesaria una auténtica masacre para que sobrevivan cuatro héroes de pacotilla. Para que los pardillos se presenten en el campo de batalla hacen falta vendedores de humo a la altura de aquellos curas que llamaban a la guerra. Se necesita ina jerga insidiosa para que la gente se anime a fracasar pensando en un futuro esplendoroso de Lamborghinis en la puerta: algo muy parecido a ese “business speach” que Alberto Casado borda en su papel de absoluto gilipollas.

(Mientras tanto, Aura Garrido, que revolotea por la serie un tanto descolocada, nos regala su presencia de arcángel de las finanzas).




Leer más...