Mostrando entradas con la etiqueta Ana Belén. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ana Belén. Mostrar todas las entradas

Cosas que hacen que la vida valga la pena

🌟🌟🌟

Ver películas.
Ver películas buenas.
Hablar sobre películas. Incluso si son malas.
La voz de Ana Belén.
El monte sin gente.
Renate Reinsve.
El silencio.
Un motero silenciado.
Ana Belén cantando “Agapimú”.
(Casi) cualquier película en la que salga Eduard Fernández.
Un gatete.
Un perrete.
Un tatuaje en su espalda, más que la pinacoteca nacional.
El jeto de Al Pacino.
La Champions League.
El Madrid ganando la Champions League.
Un toro corneando a su torero.
Un elefante embistiendo a su cazador.
Emma Stone.
Y Jessica Chastain.
Los Mundiales.
Montaigne y “Los ensayos”.
Algunos recuerdos...
“Juegos de la edad tardía”.
Ana Belén cantando “Qué será, qué será”
Las caricias en la espalda.
Un pincho de tortilla.
“Seinfeld”.
Vince Gilligan.
Y “El hombre tranquilo”
Kim Wexler.
Un piropo. Mucho más si es verdadero.
Los cómics de Ivá.
Teresa Salgueiro
Y Maureen O’Hara
Los paisajes de Irlanda
Enamorarse no; sentirse correspondido sí.
Una canción de Serrat.
La familia Skywalker.
La familia Soprano.
Un himno de Serrat.
Y Javier Krahe, claro.
Y Prince, por supuesto.
Y mi hijo...
Los chistes indecentes.
Molestar a las beatas.
Su sonrisa, aunque no sea para mí.
“Annie Hall”
Ravel y Debussy; Mozart y Beethoven; Manuel de Falla y Radio Futura.
Ganar una apuesta.
Descubrir un paisaje.
Vivir sin reloj.
Azcona y Berlanga; Gastón y Mariano; Lucas y Spielberg.
"El jinete polaco"
“La Gran Belleza”
El último día de curso.
El primer minuto de vacaciones.
El mar Cantábrico.
"The cat in the hat is back", por Wynton Marsalis.
La fabada.
“Cantando bajo la lluvia”
Las nubes en verano.
La nieve, y los carámbanos, y los abrigos en invierno.









Leer más...

El vuelo de la paloma

🌟🌟🌟🌟

Cuánto nos reíamos, en los años ochenta, de los fachas... En las películas españolas los ridiculizaban  como espantajos risibles del pasado. Y nosotros aplaudíamos felices y liberados. Qué tontos fuimos.

    Termino de ver El vuelo de la paloma, comedia entrañable del dúo García Sánchez y Azcona, y una insidiosa melancolía se instala en mi ánimo. Aquí se ríen de un fascistilla que regenta la Asociación de Amigos del Tirol, y que se pasa todo el día asomado al balcón, lanzando proclamas, exhibiendo banderas, riñendo a los artistas porque ya no ruedan películas como las de antes, como Raza, o ¡A mí la legión!, o Los últimos de Filipinas... Cuánta risa nos daban entonces los fachas, sí. Cuando de jóvenes íbamos al cine pensábamos que estos tipos ya eran toro pasado, carne de carcajeo, fantasmones sin susto. Pensábamos que España era un país definitivamente moderno, liberal, europeo. Eran los años de la movida, del revolcón, de los armarios abiertos. Los socialistas siempre ganaban las elecciones. Chanchullaban, mentían, traicionaban los principios, pero también construían hospitales, y escuelas, y repartían condones entre los jóvenes, aunque muchos no llegáramos ni a estrenarlos, perdedores eternos en la ideología ancestral de las mujeres guapas.

    En los años ochenta pensábamos que todo el monte era orégano. Qué poco sabíamos.... Sólo cuatro años después de estrenarse El vuelo de la paloma, un admirador de los viejos tiempos, con mostacho falangista y cara de mala hostia, gobernaba este país con una máscara de sonrisa falsa que te helaba la sangre. Luego se le subió la megalomanía hasta el bigote, y envuelto en banderas y en himnos militares nos llevó al borde del abismo moral. Desaparecido del panorama, creímos que su presencia sólo había un mal sueño, la psicosis colectiva de un puñado de votantes engañados. Y alegres y triunfantes volvimos a reírnos de los fachas, de los derechistas carpetovetónicos, de los pijos de Nuevas Generaciones. De las rubias con mechas que sabían perfectamente cuanto costaba un bolso de Loewe y no tenían ni puta idea de lo que costaba un kilo de tomates. Cuánto nos volvimos a reír de ellos, sí.

     Y de repente, en una cascada vertiginosa de acontecimientos que todavía no hemos acertado a digerir, unos fulanos dejan de pagar sus hipotecas en Estados Unidos y por arte de magia los tenemos otra vez aquí, aprovechando la ruina y la depresión, a los nietos de los fachas, a los hijos de los fachorros, trajeados, engominados, melifluos, riéndose ahora de nosotros: de los progres, de los rojos, de los perdedores de la historia, de los tontainas del buen corazón, de los ignorantes de la vida.





Leer más...