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¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

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El amor es sexo, y para todo lo demás, ahí está el diccionario de la RAE. Dicho de otra manera: cuando el erotismo sale por la puerta, el amor salta por la ventana. Es de cajón, de 1º curso de la Vida. No sé por qué existe tanta confusión terminológica. 

En 1993, cuando se rodó esta película, parecíamos más cerca de la verdad. No es que te rías mucho con la comedia de Pereira, pero entiendes bien a los personajes: hay oxitocinas, endorfinas, reacciones químicas muy interesantes... Ahora, con el regreso de las puritanas, la oscuridad vuelve a cegar nuestra mirada. Y a enturbiar el pensamiento.

Cuando se apaga la llama pueden pasar dos cosas: o viene el frío de la noche o queda un rescoldo acogedor. Que el sexo se acabe no quiere decir que haya que levantar el campamento. Es opcional. Pero el rescoldo, digan lo que digan, ya no es amor. Los griegos lo sabían y lo plasmaron en sus pergaminos. Nosotros, en cambio, que ya escribimos sobre las nubes, vivimos extraviados. 

Hay cien palabras hermosas para describir lo que ahora es calor de brasero y antes era fuego que quemaba. Se puede estar enamorado, sí, pero también encariñado, agradecido, relajado en  compañía. A gustito. No pasa nada. Hay una edad para todo; un estado del alma para cada circunstancia. “Llevo enamorado de mi mujer treinta años, pero ya nunca follamos”. Ese tío es un mentiroso, o como poco, un engañado de la semántica. Cualquier apego tiene su palabra justa y correspondiente. Que la busque y que deje de engañarnos. Y de autoengañarse. 

El amor sólo es una variante más de los afectos, aunque eso sí, la más citada y afamada. Las más evocada por los juglares. La más eléctrica y juguetona. La más presente en los títulos de las películas. Y es que el amor, al ser fuego, siempre deja cicatrices en la piel, y se hace difícil de olvidar. El amor es una amistad encamada. No sé me ocurre mejor definición que ésa. Se la escuché una vez a Antonio Gala, que era un sabio cursilón. 





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Cosas que hacen que la vida valga la pena

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Ver películas.
Ver películas buenas.
Hablar sobre películas. Incluso si son malas.
La voz de Ana Belén.
El monte sin gente.
Renate Reinsve.
El silencio.
Un motero silenciado.
Ana Belén cantando “Agapimú”.
(Casi) cualquier película en la que salga Eduard Fernández.
Un gatete.
Un perrete.
Un tatuaje en su espalda, más que la pinacoteca nacional.
El jeto de Al Pacino.
La Champions League.
El Madrid ganando la Champions League.
Un toro corneando a su torero.
Un elefante embistiendo a su cazador.
Emma Stone.
Y Jessica Chastain.
Los Mundiales.
Montaigne y “Los ensayos”.
Algunos recuerdos...
“Juegos de la edad tardía”.
Ana Belén cantando “Qué será, qué será”
Las caricias en la espalda.
Un pincho de tortilla.
“Seinfeld”.
Vince Gilligan.
Y “El hombre tranquilo”
Kim Wexler.
Un piropo. Mucho más si es verdadero.
Los cómics de Ivá.
Teresa Salgueiro
Y Maureen O’Hara
Los paisajes de Irlanda
Enamorarse no; sentirse correspondido sí.
Una canción de Serrat.
La familia Skywalker.
La familia Soprano.
Un himno de Serrat.
Y Javier Krahe, claro.
Y Prince, por supuesto.
Y mi hijo...
Los chistes indecentes.
Molestar a las beatas.
Su sonrisa, aunque no sea para mí.
“Annie Hall”
Ravel y Debussy; Mozart y Beethoven; Manuel de Falla y Radio Futura.
Ganar una apuesta.
Descubrir un paisaje.
Vivir sin reloj.
Azcona y Berlanga; Gastón y Mariano; Lucas y Spielberg.
"El jinete polaco"
“La Gran Belleza”
El último día de curso.
El primer minuto de vacaciones.
El mar Cantábrico.
"The cat in the hat is back", por Wynton Marsalis.
La fabada.
“Cantando bajo la lluvia”
Las nubes en verano.
La nieve, y los carámbanos, y los abrigos en invierno.









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La cena

🌟🌟🌟


La Guerra Civil la perdimos todos. Por eso, en “La cena”, unos fusilan y otros son fusilados. Por eso unos temen por su vida mientras otros temen por su digestión. Papeles intercambiables. Ahora te pego un tiro y luego, cuando resucites, me lo pegas tú. Verás qué divertido, hermano. Choca esos cinco. 

La posguerra -que no nos engañen los rojos- fue más o menos así: un empate técnico. Un armisticio amistoso. Un juego sin vencedores ni vencidos, solo ruina compartida. Y risas a gogó. Los rojos lo tergiversan todo y Pérez Reverte tiene que salir a defender la verdad histórica junto a un puñado de falangistas. Un hermanamiento de la hostia -a ver si queda claro- fue aquello de la posguerra. Franco en El Pardo y Machado en su tumba. Dos destinos equivalentes. Dos soluciones habitacionales para un sufrimiento similar.

En “La cena”, los presos sirven las viandas y los carceleros se las comen porque a estos hermanos les hemos pillado en martes y no en jueves, cuando todo sucede justamente al revés. Mira que son cenizos, e inoportunos, esos titiriteros paniguados, esos cineastas contumaces. De hecho, Atresmedia, asesorada por Pérez Reverte, ya está preparando un remake de “La cena” donde es Franco quien prepara la sopa y los presos republicanos -que ya no son presos, sino compañeros de parranda- quienes se sientan a la mesa. La orquesta toca el himno de Riego y el vodevil de los cuernos se produce entre homosexuales agasajados. Se titulará “La reconciliación” y vendrán los altos cargos del PPVOX al día de su estreno.

Al mismo tiempo, en Canal Red, y asesorados por David Uclés -que sostiene que la Guerra Civil la perdieron las mujeres- están preparando un remake donde sólo se fusilan presas republicanas y sus compañeros de reclusión disfrutan de privilegios patriarcales.





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