Breaking Bad. Temporada 3

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He intentando jugar con mi nombre -el verdadero, Augusto Faroni- a la manera de “Breaking Bad”, descomponiéndolo en símbolos de la tabla periódica. Jugar a que yo también aparecía en los títulos de crédito como “spanish fan”, o como “repeat viewer”. O como apóstol de la serie, en estas tierras paganas -y muy raras, con sus quince lantánidos, y su escandio, y su itrio- donde se yergue La Pedanía.

Pero Instagram, que es un cutrerío grafológico, no me dejaba resaltar los símbolos. O yo, al menos, no soy capaz de resaltarlos. Ni poniendo mayúsculas, ni negritas, ni colores... Nada. Así que he desistido de este empeño científico y me he limitado a elaborar la lista de todo lo que extraje: 

El Au del oro, que es un metal que no tengo ni valoro.

La U del uranio, y por dos veces, como señalándome -con toda injusticia- como hombre radioactivo. 

La S del azufre, tan propia de los ateos que adoramos al diablo.

La O del oxígeno, también por dos veces, para redundar en mi oxidación, la física y la mental.

La F del flúor, indispensable en la dieta y después de la dieta. 

El Ar del argón, que es un gas noble que sólo flota en los palacios, lejos de la plebe. 

La N de nitrógeno, que es indispensable para mi vida y para la vida de cualquiera. 

El Ni de níquel, que no aparece en ninguna lista de los oligoelementos esenciales. 

Y por último, la I del yodo, que no puede faltar para curarse las heridas. Las del cuerpo, claro, porque las del alma necesitan una química más compleja, con muchos carbonos, e hidrógenos, y me imagino que fósforos con la P.

Lo he intentado también con mi nombre falso, el de Álvaro Rodríguez, a ver si salían elementos más exóticos y desconocidos. Pero más allá de la V del vanadio -indispensable, al parecer, para la vida moderna-  mi química sigue siendo muy básica, de andar por casa en calcetines. Quién no habría querido apellidarse Kramer para obtener el kryptón, o Dylan, para lucir de disprosio, o aún mejor, McFly, para fardar de moscovio. O llamarse Esteban, sin más, para probar el einstenio de los más listos de la clase. 




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